En bici por la ciudad

caril-bici.jpgLa bici es un vehiculo saludable además de útil. Su bajo coste y casi nulo mantenimiento, ligereza y facilidad de aparcamiento hacen de ella un elemento muy adecuado para desplazase por la ciudad.

El carril bici en España comenzó su andadura con la democracia y el reclamo de la ciudadanía que comenzaba a poder participar y deseaba decidir sobre asuntos que les afectaban directamente: su barrio, sus calles, los servicios que recibían de las administraciones…y dentro de estas demandas entró de inmediato el carril bici.

Quizás estas primeras demandas no fueron demasiado bien fundamentadas y se pidió el carril bici como respuesta a aquella famosa frase de “la calle es mía”. La ciudadanía quería saber y sentir que la calle era suya realmente; los carriles bici de la transición serían la prueba palpable de que la calle quedaba conquistada por las personas. Desafortunadamente, en aquellos tiempos de aprendizaje democrático, ni las asociaciones ciudadanas ni las administraciones estaban muy duchas en la utilidad de lo que era y para que podía servir un carril bici y los resultados fueron vías que llevaban de ningún sitio a ninguna parte.

Bueno, hay que ser benevolente y pensar en positivo. Digamos que estas iniciativas, como tantas otras en esos años sirvieron para acercar a la gente a las administraciones locales y autonómicas, para engrasar la maquinaria de la colaboración y el entendimiento, a pesar de que los resultados no fueran demasiado brillantes.

 

Los carriles bici pasaron por varios momentos: El primero ya está insinuado; se trataba de un deseo más que de un objetivo emanado de una planificación. Las administraciones “pusieron” el carril bici donde la ciudadanía lo pedía, sin muchos más miramientos. Estos carriles bici no eran parte de una red ni valían para el desplazamiento cotidiano, el cual, en España se realiza sobre todo en coche a pesar de que el recorrido sea corto. En muchos casos estos carriles bici “embrionarios” quedaron en desuso precisamente por estar en sitios que no interesaban a nadie; digamos que había que “ir allí –hasta el carril bici- para montar en bici por la ciudad.” Pero tanto en el camino de ida como en el de vuelta, te la jugabas.

En una segunda época, los partidos políticos comenzaron a incluir en sus programas electorales la construcción de un carril bici en alguna calle emblemática de la ciudad o hacían alusión a potenciar el uso de la bicicleta como medio de desplazamiento; todas estas iniciativas tenían lugar dentro de una indefinida política medioambiental cuyos objetivos estaban aún por definir. Los carriles bici de esta época se construyeron en lugares de poco impacto urbano – por donde pasaban pocos coches- o en zonas de recreo. El resultado de estas intervenciones tuvo varias consecuencias:

Una de ellas fue la de asociar a la bicicleta a un uso de recreo exclusivamente ya que las zonas de bicicleta, estaban situadas en parques, sin tráfico, es decir, en zonas “de paseo”; con estas actuaciones se daba a entender que si se quería montar en bici se disponía de un lugar adecuado y específico para ello; sin embargo el desplazamiento por las calles en recorridos habituales seguía sin una infraestructura específica o sin las adaptaciones que se podrían haber acometido. La ciudad era para el coche, y quién quisiera montar en bici tenía que ir al circuito habilitado para ello, o al carril bici del parque; en todo caso, circular en bici por la ciudad no era facilitado ni pensado en las planificaciones urbanas en las ciudades.

La tercera fase de esta historia comienza hace poco. Progresivamente, las administraciones locales van incorporando en los diseños de vías urbanas carriles bici. Incluso hay barrios de nueva construcción que incluyen, desde el primer momento, carriles bici en sus viales. Los ayuntamientos emprenden planes para fomentar el uso de la bicicleta; en fin, se toman cartas en el asunto de una manera más sistemática. Esta nueva política no es ajena a la nueva concepción de que la ciudad es – o debe ser – para las personas, pero también es deudora de los criterios de sostenibilidad que se presentan como uno de los ejes en cualquier política actual que quiera construir una ciudad. La mayor sensibilidad hacia los temas medioambientales – contaminación, cambio climático- tiene su reflejo en este impulso a la bicicleta

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